JORDAN
La tierra temblaba bajo mis botas.
El bosque se había quedado mortalmente en silencio, salvo por el eco de mis propios gruñidos desgarrando la noche. El viento llevaba su aroma —débil, roto, pero aún presente.
Dafne.
Mi lobo rugía dentro de mí, arañando, aullando, desgarrando los bordes de mi control. Cada instinto gritaba que la encontrara, que destruyera todo lo que se interpusiera entre nosotros. Pero todo lo que podía sentir a través del vínculo ahora… era silencio.
No ausencia