ELEONORA
La noche sangraba rojo sobre el cielo.
La cámara del ritual, bajo la vieja mansión, latía con energía oscura; el aire estaba cargado de incienso y susurros de los condenados.
Las velas ardían negras, con llamas que se torcían como si temieran a las sombras que reptaban por las paredes.
Cloé estaba frente a mí, con el rostro sereno pero los dedos inquietos alrededor del amuleto de su cuello.
Rebeca permanecía a su lado, fingiendo compostura, aunque su corazón latía de forma irreg