JORDÁN
Mi cuerpo ya no me pertenecía.
Podía sentir mis manos moverse, mis labios curvarse, mi respiración salir en ráfagas agudas… pero no era yo quien daba las órdenes.
La energía oscura de Draco se deslizaba por cada vena, obligando a mis músculos a obedecerle. El mundo a mi alrededor se apagaba, como si un velo de humo me separara de todo lo real.
El patio de la manada Luna Roja estaba en silencio, el aire espeso de miedo.
Los lobos inclinaban la cabeza, sintiendo algo antinatural en