JORDAN
La noche estaba viva con poder.
Los árboles se inclinaban como si reverenciaran algo invisible, sus hojas temblando bajo el pulso de una energía salvaje que desgarraba el bosque.
Corrí más rápido, con mi lobo justo debajo de la superficie, arañando por salir. Cada respiración ardía como fuego en mi pecho, cada latido sincronizado con el de ella. Dafne. Mi compañera. Mi maldito corazón.
—¡Alfa! —la voz de Teo gritó detrás de mí, pero apenas la oí, ahogada por el trueno de mi propio pul