JORDÁN
El momento en que Dafne me tocó, la luz estalló entre nosotros — y entonces todo quedó en silencio.
La oscuridad que me había envuelto como cadenas desapareció. Los susurros cesaron. El dolor se desvaneció.
Pero cuando abrí los ojos… ella ya no estaba.
No desaparecida — sino inmóvil.
Yacía en mis brazos, su cuerpo temblando, los ojos abiertos pero sin ver. El aire a su alrededor brillaba débilmente, el dorado de su aura parpadeando como una vela moribunda.
—Dafne —susurré, sacud