DÁFNE
Frío.
Eso fue lo único que sentí al principio.
Un vacío helado que presionaba contra mi piel, como si hubiera estado enterrada bajo el hielo durante siglos. Mis pulmones ardían cuando intentaba respirar. Mis ojos se abrieron lentamente, pero no había luz — solo el suave zumbido de la nada.
¿Dónde estoy?
Un eco débil respondió desde lo más profundo de mí.
—No estás muerta, Dafne.
Atenea. Mi loba. Mi otra mitad.
Tragué con dificultad. —Entonces, ¿por qué… se siente como si lo est