JORDÁN
Su grito me desgarró el pecho como una hoja.
—¡DAFNE!
Rugí, mi voz resonando por todo el bosque. Los pulmones me ardían, las garras clavadas en la tierra como si pudiera abrir un agujero lo bastante profundo para alcanzarla. El vínculo palpitaba salvajemente en mi pecho —una tormenta de fuego y dolor.
Estaba viva.
Pero no estaba aquí.
Teo tropezó a mi lado, jadeando con fuerza, el rostro pálido. —Alfa, simplemente desapareció. La energía… no era solo brujería. Se sentía… antigua