JORDÁN
Desperté en silencio. No del tipo pacífico, sino del que parece estar vivo.
La cripta a mi alrededor estaba en ruinas, el polvo colgaba espeso en el aire, las piedras partidas como vidrio. Mis garras estaban medio extendidas, las palmas sangrando. Cada hueso de mi cuerpo dolía por la explosión que me lanzó a la oscuridad.
—Dafne… —susurré con voz ronca, incorporándome lentamente. Su aroma había desaparecido. No debilitado… desaparecido.
Mi corazón latía con tanta fuerza que apenas podía