DAFNE
Cuando desperté, todo estaba frío. El aire estaba húmedo, pesado, y no podía ver nada. Mi cuerpo temblaba, mis dedos se clavaban en el suelo áspero bajo mí. Podía sentirlo: no era piedra. Era tierra. Tierra fría y húmeda. El aroma a sangre y ceniza llenaba el aire.
Mi corazón latía con fuerza mientras mi mente intentaba entender dónde estaba. “¿Jordán?” llamé, con la voz pequeña y temblorosa. El silencio fue mi única respuesta.
Oscuridad.
Eso fue lo primero que me golpeó: la oscuri