JORDÁN
Cuando abrí los ojos, todo estaba en silencio —demasiado silencio. El humo flotaba en el aire como una cortina, espeso y sofocante. Mi cabeza latía con fuerza, y aún podía saborear la sangre en mi lengua. El mundo a mi alrededor giraba, los pedazos rotos de la habitación esparcidos como fragmentos de memoria.
—Dafne… —su nombre se deslizó de mis labios antes de que siquiera me diera cuenta. Intenté moverme, pero mis músculos gritaban de dolor. Mi visión se nubló por un momento, y entr