DAFNE
La voz era profunda, fría y dolorosamente familiar.
Se arrastraba por mi piel como una sombra de la que nunca podría escapar.
—Draco… —susurré, con el corazón latiendo con fuerza.
Él sonrió a través del rostro de Jordán —esa misma sonrisa que había visto antes, la que no pertenecía a mi compañero.
—Me recuerdas —dijo suavemente—. Bien. Temía que las hierbas de la sanadora me hubieran borrado de tu linda cabecita.
Tragué con dificultad y di un paso atrás.
—Déjalo en paz.
Él ladeó la cab