Dafne
Sentada frente al tocador, no podía dejar de sonreír de oreja a oreja. El Alfa no es tan malo como pensaba, después de todo. En realidad, acababa de salir de su habitación, y me había permitido dormir en su cama mullida y cómoda.
—No es un monstruo, después de todo —murmuré. El hecho de que no me tocara anoche hizo que mi corazón diera un vuelco.
¿Significa eso que ya no volverá a hacerme daño? ¿Qué pudo haberlo hecho decidir perdonarme anoche? ¿No se suponía que yo estaba aquí para