Freya
Recorro la habitación como un animal enjaulado. Mis botas raspan suavemente el suelo de piedra mientras mis rizos se tensan con cada paso.
Las paredes están demasiado cerca, las sombras demasiado tenues, y cualquier sonido fuera de la ventana me acelera el pulso.
Odio esta sensación, este filo agudo y desconocido de miedo que se esconde bajo mi rabia. Alguien podría haberme reconocido. Uno de los sirvientes, uno de los guardias, cualquiera que me haya visto recorrer los pasillos del pala