Elara
Esta vez, dormir me resulta más fácil de lo que debería, y eso es lo primero que me asusta: la rapidez con la que el miedo se afloja una vez que Orión vuelve a estar a mi lado.
Su presencia es un peso a mi espalda, firme y familiar, con su brazo rodeando cuidadosamente mi cintura, como si incluso dormido tuviera miedo de soltarme.
El vínculo zumba entre nosotros, lento y firme, como una canción de cuna.
Por primera vez en días, mis pensamientos se ralentizan.
Todo lo demás se desvanece de