Elara
La mañana despunta como una cuchilla que se arrastra lentamente por el cielo, afilada e implacable, y me despierto ya enfadada. El palacio se siente demasiado ruidoso, demasiado cercano, muy duro y raspante contra mi piel, como si me hubieran despojado de los nervios durante la noche.
Puedo sentir una mirada sobre mí incluso antes de salir de mi habitación, una presión sorda en la nuca que me aprieta la mandíbula y acelera el paso. Me digo que es paranoia, que imagino el peso de la sospec