Dejé de caminar de un lado a otro y me giré para ver quién era, con las manos a la espalda.
Tenía una idea de quién era mi visitante, y quizás por eso, cuando la figura apareció, no me sorprendió.
Lucien.
Se comportaba como si fuera el dueño del lugar: tranquilo, sereno, con esa autoridad silenciosa que no necesitaba ser anunciada.
Su mirada se posó en mí al instante, penetrante y escrutadora.
Sentía curiosidad por saber quién era yo y quería respuestas a las preguntas que le rondaban por la ca