Orión
Sin que yo lo supiera, el niño era una distracción.
En cuanto me detuve a ayudarlo, aparecieron tres lobos, acorralándome.
Al instante, me irguié en toda mi estatura, usando mi gran cuerpo para proteger al niño y que pudiera escapar sin llamar su atención.
"Esto es un gran error", le dije, evaluándolos a cada uno. "Créeme, no querrás hacer esto".
Como siempre, ignoraron mis palabras y atacaron.
No tardé mucho en derrotarlos, ya que esta vez estaba lleno de rabia.
Le rompí el cuello al pri