Orión
Seguí caminando.
No disminuí la velocidad, no miré atrás, no permití que mi cuerpo destrozara aquello que destrozaba mi mente. Cada paso que me alejaba de Elara era doloroso, como una cuchilla arrastrada lentamente sobre algo que ya sangraba.
El pasillo estaba demasiado silencioso, ese silencio que te oprime los oídos hasta que te sientes abrumado. Podía percibirlo: la confusión, la anticipación, el ansia de espectáculo.
Creían que ya sabían cómo terminaría esto.
Lo oí entonces.
El primer