Helena llegó a su oficina con el bolso colgando del hombro. Al cruzar la puerta, vio a Kaito charlando con Maikol cerca de su escritorio.
No era raro verlos conversando, pero ya sabía los sentimientos de Maikol hacia él.
Le echó un ojo a su amigo con picardía, como quien observa sin interrumpir, con esa mezcla de curiosidad y complicidad que solo se tiene con alguien cercano.
Pero no parecía haber nada más allá.
La charla fluía tranquila, sin tensión ni coqueteo.
—Oh, Helena —saludó Ka