Helena pasó por la recepción con su paso ligero de siempre, saludando a los de seguridad con una sonrisa rápida antes de girar hacia el mostrador.
Karen ya estaba allí, revisando unos papeles, con el cabello recogido y ese aire concentrado que la hacía parecer más seria de lo que realmente era.
—¡Buenos días, Karen! —dijo Helena, apoyándose en el mostrador con confianza—. Mi recepcionista favorita. Ya quería verte y hablar contigo.
Karen levantó la vista y sonrió al instante, un poco extra