—M-muchísimas gracias, Paul. Te has comportado como un caballero todo este tiempo, que ya no sé qué hacer para pagarlo… —expresó ella, hundiendo las cejas.
Le preocupaba no ser suficiente para Paul. Él siempre la ponía primero. La cuidaba sin hacerlo evidente, como si fuera natural pensar en ella antes que en sí mismo.
Karen lo notaba, claro que sí.
Pero eso no bastaba para callar las dudas que llevaba dentro.
No era que desconfiara de Paul.
Era que, a veces, no se creía suficiente.