El viernes llegó en un abrir y cerrar de ojos. Karen estaba frente al espejo con las manos inquietas y el corazón acelerado. El vestido plateado le abrazaba la figura con elegancia, reflejando la luz de la sala como si también él estuviera nervioso.
Se acomodó el cabello por tercera vez, solo para distraerse y dejar de pensar en esa cita.
Paul llegaría en cualquier momento. Y aunque lo había esperado con ilusión, sentía que no tenía control sobre nada.
Respiró hondo.
—¡Tranquila, nena! To