Haru estaba sentado frente a su escritorio, con los codos apoyados sobre la mesa y las manos entrelazadas contra su frente.
Los informes policiales no decían nada nuevo. Y el silencio… ese maldito silencio… lo estaba volviendo loco.
Nicole seguía desaparecida. Con cada hora que pasaba, el miedo se le metía más hondo en el pecho. Hasta que un golpe seco en la puerta lo sacó de su espiral.
—Adelante —dijo, sin levantar la vista.
La puerta se abrió lentamente. Una figura desconocida se asom