Nicole cayó al suelo con un golpe seco y la tierra húmeda se pegó a su ropa. Bruno la había alcanzado. Por un instante, el mundo pareció cerrarse sobre ella.
Tenía la visión borrosa por las lágrimas, el corazón desbocado, y las manos arañadas por ramas y piedras. Estaba asustada.
—¿De verdad pensaste que podías huir de mí? —escupió sobre ella, con una sonrisa torcida.
Nicole no podía moverse, sin embargo, no se apagaba esa necesidad de seguir luchando.
—¡Suéltame!
—¡No dejaré que te e