El día de la gala llegó en un abrir y cerrar de ojos. Helena se vio una última vez en el espejo de la sala y su madre soltó una lágrima al tomarle una foto.
—Mi niña ya es toda una mujer —comentó, apreciando la belleza de su hija—. ¿Pero cuánto costó ese vestido? Te queda hermoso, Helena.
—Créeme, no querrás saber el precio, mamá —soltó una risita—. Y gracias por el cumplido.
Helena siguió contemplándose en el espejo, como si recién descubriera una parte de sí que había estado oculta bajo cap