Helena estaba lista para salir con Nicolás.
—¿Ya te vas? —preguntó Sarai—. ¿No quieres llevar un par de sándwiches por si les da hambre en el camino?
Ella estaba en la cocina, lavando los platos mientras miraba a su hija. Helena negó con la cabeza y le mostró una sonrisa.
—Gracias, pero no vamos a tardar mucho.
Tocaron la puerta.
—Yo abro.
Helena ya sabía quién era antes de abrir la puerta. Lo presentía, lo intuía en el silencio del pasillo. Al girar el picaporte, lo confirmó: Nicolás est