Esa misma tarde, Emma, Nicole y Haru fueron al restaurante donde trabajaba Thiago.
—Te lo voy a repetir hasta que me hagas caso, ¡Paula es una perra y no se puede confiar en ella! —soltó Emma, apoyando los codos sobre la mesa—. Me da tanta rabia que finja ser amable, encantadora y tímida.
—¡Emma! ¿Y ese lenguaje? —reprochó Nicole, con los ojos abiertos.
—¡No me importa hablar mal de ella! La verdad es que nunca me agradó —se quejó, con el ceño fruncido.
—Ya te dije que Paula seguro tuvo sus razones —defendió.
—¿Sus razones? Agh, me da tanta rabia no haber grabado ese momento. ¡Seguro me creerías con pruebas en su contra! —expresó, jugando con la planta que yacía sobre la mesa.
—¿Qué pasó con Paula? —preguntó Haru, intrigado por la conversación.
—Oh, lo que pasa es que oculta algo —masculló Emma, mirando a Nicole con recelo—. No confío en ella. Y nuestra querida diseñadora aquí presente la defiende.
Le dio un aplauso, Nicole rodó los ojos.
—Vamos, no te puedes enojar c