—Me enteré que pasaste la noche con Haru —habló Helena, con una sonrisa pícara.
Nicole se atragantó con un bocado de panqueque y comenzó a toser, llevándose una mano al pecho mientras intentaba recuperar el aliento. Noah estaba justo frente a ella y se levantó de inmediato, alarmado.
—¡Ey, tranquila! —dijo, sirviendo agua con rapidez y ofreciéndole el vaso—. Toma, despacio.
Nicole bebió a sorbos, aún tosiendo un poco, con los ojos llorosos.
—Gracias, Noah —respondió, apenada.
—¿Desde cuándo empezaron a salir? ¿Por qué no nos habías contado, hija? —interrogó su madre, con curiosidad en los ojos.
Nicole se sonrojó.
—¡M-mamá! Creo que ya estoy un poco grande para esto, ¿no? —balbuceó.
—Nunca dejarás de ser nuestra niña, ni aunque tengas ochenta años —aseguró Nicolás—. Por otro lado, ¿estás saliendo con Haru? Siempre quise que un hombre como él fuera tu pareja. Me alegra si ese es el caso.
—¿Es que quieren avergonzarme? —murmuró ella, encogida de hombros
—¿De verdad te gusta