Paula revisó su celular por costumbre, sin esperar nada fuera de lo común. Se topó con titulares, fotos, y toda la información sobre la pareja del momento.
Nicole y Haru.
La noticia se esparció como pólvora:
“Romance en la empresa: Nicole y Haru confirman su relación.”
Paula sintió cómo la sangre le subía a la cara.
—Haru… —lo llamó desde su escritorio—. ¿Qué tanto te gusta Nicole?
Él dejó de escribir en la computadora para mirarla a los ojos.
—Mucho.
Paula se acercó con paso lento. Se detuvo frente a él, y con un gesto casi imperceptible, desabrochó el primer botón de su camisa. Era su último intento, una jugada arriesgada.
—¿Y no podrías mirar a alguien más? —preguntó, fingiendo vergüenza—. La verdad es que me has gustado mucho desde hace un tiempo, y no he podido olvidarte.
Haru frunció el ceño, confundido, como si las palabras de Paula no terminaran de encajar en su cabeza. Esa mentira era demasiado grande.
Paula se detuvo a su lado, alzó la mano con suavidad y bus