Días después, Paula ya se había adaptado al ritmo del trabajo como asistente. Se movía con soltura entre papeles, agendas y llamadas, siempre con una sonrisa impecable.
Por desgracia, Haru no cedía ante sus insinuaciones. No importaban los comentarios sutiles, o las sonrisas prolongadas. Él se mantenía firme y distante.
Lo más frustrante para Paula era que, en cada conversación, de una forma u otra, él terminaba mencionando a Nicole.
—Nicole ama este tipo de café —decía.
—Ayer Nicole