Cassandra estaba en su oficina y un hombre que no esperaba acudió a ella con una interesante propuesta.
—¿Y bien? ¿Qué te parece? —preguntó Bruno, con las manos detrás de la espalda.
—Estás muy obsesionado con ella, por lo que veo —murmuró la mujer, cruzada de brazos—. No tenía idea de que Nicole había salido contigo. Tus ojeras… ¿no has dormido bien?
Bruno se tocó la cara con pesar, sus dedos presionaron sus sienes como si pudiera exprimir de su mente la imagen que lo perseguía.
Después de lo que pasó en la gala, cada vez que cerraba los ojos veía a Nicole. Esa necesidad de tenerla en sus brazos sólo incrementó.
Estaba dispuesto a recuperarla.
—Tienes que ayudarme a recuperar a Nicole —pidió, hundiendo las cejas—. Ella es tu enemiga principal, ¿no? La piedra en el camino que te impide llegar a la cima. Estás de suerte porque yo la quiero.
—Sí, es mi mayor obstáculo en la industria —confesó, rodando los ojos—. Pero lo que propones es una cosa infantil, Bruno. ¿Hacer que Paul