Paula salió de la oficina con el ceño fruncido y los labios apretados. Necesitaba despejarse. Ese hombre no era como los demás.
—Esto va a ser más complicado de lo que esperaba —murmuró, mientras introducía unas monedas en la máquina expendedora.
La lata de café frío cayó con un golpe seco. La tomó, la abrió y dio el primer sorbo, aún pensando en la indiferencia de Haru. Caminó hacia el comedor, distraída, repasando mentalmente su próximo movimiento.
Al cruzar la primera esquina, no vio v