Nicole se incorporó de golpe, con el corazón desbocado y la respiración entrecortada. El sudor le adornaba la frente, y sus manos temblaban sobre las sábanas.
La imagen seguía clara en su mente. Soñó que llevaba puesto un vestido blanco, flores marchitas, y al final del altar estaba él con esa sonrisa torcida mientras le ponía el anillo a la fuerza.
Bruno.
La puerta se abrió con suavidad.
—¿Nicole? —La voz de su madre fue un susurro.
Nicole estaba pálida, con los ojos muy abiertos, como si acabara de ver un fantasma.
—¿Qué pasó, mi amor? —preguntó, acercándose con cautela—. ¿Una pesadilla?
Nicole negó con la cabeza.
—Fue sólo un sueño… pero se sintió tan real —confesó, con el ceño fruncido.
—Tranquila —sonrió—. Me enteré que Bruno se coló en la gala anoche. ¿Él te hizo algo?
—Estoy bien, mamá —respondió para no preocuparla—. Noah y Haru estuvieron ahí para mí.
Aunque Nicole y Noah tuvieran la edad y el dinero suficiente para mudarse de la casa de sus padres, ellos amaba