Nicole se cubrió la boca con ambas manos y los ojos muy abiertos. Bruno estaba en el suelo, sujetándose la mejilla con una mueca de dolor.
—¡Agh…! —se quejó, intentando —. ¿Estás loco? ¡¿Tú sólo sabes resolver las cosas a golpes?! Y tan ético que te la das frente a las cámaras.
Haru no respondió de inmediato. Su respiración era pesada y su mirada seguía fija en Bruno. Estaba dispuesto a lo que sea por proteger a Nicole.
—No voy a permitir que la toques sin su consentimiento —masculló, con los ojos llenos de oscuridad.
Nicole abrió los ojos otra vez, helada. La mirada de Haru no era la misma de siempre.
Era oscura, intensa, como un pozo sin fondo. No había rastro de la calidez que siempre lo acompañaba, ni del brillo amable que solía encenderse cuando la miraba.
Jamás pensó que Haru, el que reía con los ojos, el mismo que le hablaba con ternura, pudiera mirar así a alguien. Estaba lleno de odio y todo por protegerla.
—Haru… —susurró para sí misma.
—¡Y tú tienes que