—¿Recordaste nuestra promesa…? —susurró, todavía impactado.
Nicole asintió, con la mirada clavada en el suelo. Haru sintió el calor subirle desde el cuello hasta las mejillas. Se rascó la nuca, incómodo, como si sus propias palabras le pesaran ahora.
No esperaba que recordara tan rápido. No después de que ella le dijera que estaba loco por aferrarse a una promesa de niños.
—¿Cuándo? —preguntó él
—Hace poco tuve un sueño y recordé todo. Y por eso me disculpo contigo, Haru —expresó, apenada.
—¿Por qué te disculpas?
Por un segundo, Haru creyó que iba a ser rechazado definitivamente.
—Fui la primera en alejar esos recuerdos de mí y romper la promesa de meñique —lo miró con pesar—. Supongo que lo hice porque estaba dolida.
Haru sonrió, aliviado.
—No importa. Pasaron muchos años desde entonces, era normal que me olvidaras si la última vez que nos vimos fue cuando teníamos diez años —comentó, sin intenciones de culpar a Nicole.
—¡No! —refutó, mirándolo con seriedad—. Tú jamás me