Isabela se tragó el nudo que se formó en su garganta. ¿Cómo se le decía eso a alguien como Noah? ¿Cómo poner en palabras que su madre, la misma que debía protegerla, la golpeaba desde que tenía memoria?
El silencio pesaba más que cualquier grito.
Y aunque Noah estaba ahí, dispuesto a salvarla, ella sentía que esa verdad podría cambiarlo todo.
—Confía en mí, por favor —Noah tomó sus manos con las cejas hundidas—. Prometo ayudarte, sea lo que sea. No te voy a juzgar.
Ella lo miró, aunque el