Noah abrazó a su hermana con fuerza, como si pudiera envolverla en un escudo invisible.
Nicole estaba paralizada. El corazón le latía en los oídos, y una sensación helada le recorría la espalda. Jamás creyó que Bruno intentaría besarla sin su consentimiento.
—¿Estás bien? —murmuró Noah, apretándola un poco más—. No voy a dejar que nadie te toque si tú no quieres.
—No te metas, Noah. A veces hasta pareces su novio —se mofó—. Sé que te preocupas por ella, pero nuestro amor es real.
—¿Real? —cuestionó el mellizo—. ¿Lo dice el tipo que trató a mi hermana como su amante? ¿El mismo que no le dijo que estaba casado? No me jodas, Bruno.
—Eso fue un error… —masculló—. Nunca pretendía hacerle daño.
—¡Cállate! ¡Me da asco escucharte! —Noah arrugó la nariz.
—Noah, nunca te han visto con una mujer… —Bruno quiso molestarlo—. ¿No será que te gusta tu hermana?
—Voy a romperte la nariz —dijo, entre dientes.
Justo cuando Noah se iba a lanzar sobre Bruno con los puños apretados y la furia a fl