Noah abrazó a su hermana con fuerza, como si pudiera envolverla en un escudo invisible.
Nicole estaba paralizada. El corazón le latía en los oídos, y una sensación helada le recorría la espalda. Jamás creyó que Bruno intentaría besarla sin su consentimiento.
—¿Estás bien? —murmuró Noah, apretándola un poco más—. No voy a dejar que nadie te toque si tú no quieres.
—No te metas, Noah. A veces hasta pareces su novio —se mofó—. Sé que te preocupas por ella, pero nuestro amor es real.
—¿Real? —