Bruno llegó a su casa y tiró las llaves en la mesa con un gesto seco. La frustración le recorría el cuerpo porque no había podido culminar su cita con Nicole, y eso lo irritaba más de lo que quería admitir.
Había decidido engañar a su esposa sólo porque se sentía preso en la monotonía, en los silencios repetidos y las rutinas sin chispa.
Nicole, en cambio, era tres años menor que él. Joven, entusiasta, con una risa que lo desarmaba y una mirada que lo hacía sentir vivo. Lo enamoró desde el primer día. Cayó ante ella sin poner resistencia.
—Daniela, ¿dónde estás? —preguntó.
Caminó hasta la sala. Daniela salió de la cocina con un par de galletas recién horneadas y los resultados de su embarazo en la mano.
—Sé que últimamente hemos tenido problemas en nuestra relación, pero hay algo que nos unirá para siempre, cariño —comentó, dejando la bandeja sobre la mesita de té
—Ya estamos unidos legalmente —resopló.
—Mira esto.
Le entregó la hoja con el resultado de la prueba que decía po