Bruno llegó a su casa y tiró las llaves en la mesa con un gesto seco. La frustración le recorría el cuerpo porque no había podido culminar su cita con Nicole, y eso lo irritaba más de lo que quería admitir.
Había decidido engañar a su esposa sólo porque se sentía preso en la monotonía, en los silencios repetidos y las rutinas sin chispa.
Nicole, en cambio, era tres años menor que él. Joven, entusiasta, con una risa que lo desarmaba y una mirada que lo hacía sentir vivo. Lo enamoró desde el