Haru llegó a la ciudad junto a sus padres, con el equipaje en la parte trasera. Mientras el auto avanzaba por las calles que apenas recordaba, alzó la vista al cielo.
Una pizca de nostalgia se le coló en el pecho. Ese cielo era el mismo de su infancia, el que compartió con ella.
—¡Por fin! Mantuve el contacto con Helena y Karen durante todos estos años. No sabes lo emocionado que estoy por volver a verlas —chilló Maikol, con el mismo entusiasmo de siempre.
—Lamento haberte quitado tanto ti