Haru llegó a la ciudad junto a sus padres, con el equipaje en la parte trasera. Mientras el auto avanzaba por las calles que apenas recordaba, alzó la vista al cielo.
Una pizca de nostalgia se le coló en el pecho. Ese cielo era el mismo de su infancia, el que compartió con ella.
—¡Por fin! Mantuve el contacto con Helena y Karen durante todos estos años. No sabes lo emocionado que estoy por volver a verlas —chilló Maikol, con el mismo entusiasmo de siempre.
—Lamento haberte quitado tanto tiempo, Maikol —se disculpó su novio—. Tienes que estar enojado conmigo, ¿por qué no lo estás?
—Tranquilo, amor. Jamás me molestaría contigo por haber pasado tantos años en Japón —Le agarró la mano mientras conducía—. No pensé que mi madre se pondría muy mal con el paso de los años. Sólo Japón pudo ayudarla a salir adelante… Aunque murió de forma repentina hace dos años. Sigo procesando todo eso.
Maikol bajó la cabeza, y Haru lo imitó en silencio. El recuerdo de Miriam pesaba en el aire. Había s