Los días eran más largos sin Haru. Nicole estaba sentada en el suelo de su habitación, rodeada de hojas arrugadas y lápices de colores.
Dibujaba vestidos, algunos con faldas enormes, otros con mangas imposibles. Eran un poco deformes, con proporciones torcidas y líneas temblorosas, no tenía mucha experiencia. Quería ser como su madre algún día.
La puerta se abrió suavemente y Helena entró con una bandeja.
—Cariño, ¿estás dibujando otra vez? Es hora del descanso —dijo, dejando un par de ga