Helena estaba en la oficina, rodeada de papeles, bocetos y tazas de jugo vacías.
Era su último día de trabajo antes de tomar vacaciones por su embarazo, y aunque el cansancio se le notaba en la cara, había algo en su mirada que brillaba.
Trazó la última línea de su diseño con el pulso firme, como si esa línea cerrara no sólo el proyecto, sino una etapa entera de su vida.
—¡Listo! —exclamó, dejando el lápiz sobre la mesa con una gran sonrisa.
Se recostó en la silla, acariciándose el vientre ya redondo. Maikol estaba con ella, revisando la tablet con precisión.
—No entiendo por qué insististe tanto en hacer otra colección, si a Lotos del Lago le está yendo de maravilla. No dejan de hablar de eso —comentó, con el ceño fruncido—. Tenías que haber tomado tus vacaciones desde el mes pasado. Tu panza está que explota.
—Lo sé, pero no podía irme sin dejar un extra, ya sabes… —murmuró, jugando con sus dedos—. Será lanzada cuando yo no esté. Mis fans estarán contentos porque no se lo esper