Unos días después, el aroma a vainilla y mantequilla llenaba la cocina. Helena estaba preparando galletas junto a su madre, con las mangas arremangadas y el cabello recogido en un moño improvisado.
—Mamá, ¿no crees que mi panza se empieza a notar? —cuestionó, tocando su vientre.
—Hija, son dos pequeños, es posible que tengas una panza enorme, o una muy pequeña —rio—. Hay que esperar y ver. No tienes que preocuparte por tu figura, eso se recupera.
—Bueno —murmuró—. Es que la boda ya está cer