Helena pasó por la recepción con una sonrisa distraída, saludando a su amiga como de costumbre. Karen la vio entrar y no dudó; se levantó de inmediato y la abrazó con fuerza, como si ese gesto pudiera sostenerla entera.
—¡Amiga! ¡Felicidades por tu compromiso! —exclamó Karen, sin soltarla—. ¿Cómo te sientes? Lo vi en las noticias y se me aceleró el corazón al escuchar tu nombre. Esperaba que me mandaras un mensaje o algo.
—Créeme, yo también me sorprendí porque Nicolás no me avisó que lo com