Helena estaba sentada en su rincón habitual de la oficina, con el lápiz entre los dedos y la mirada concentrada. El papel frente a ella ya tenía trazos suaves y líneas que empezaban a formar algo más grande.
Dibujaba como siempre. En silencio, con el ceño apenas fruncido y esa calma que parecía envolverla cuando creaba algo nuevo. Estaba pensando en cómo implementar la cultura de Kaito en sus nuevos diseños.
Maikol la acompañaba, viendo el techo con ilusión.
—No he dejado de pensar en esa