Karen caminaba al lado de Paul con una sonrisa que no se le borraba del rostro. El centro comercial, con su bullicio constante y luces cálidas, parecía el escenario perfecto para esa cita que, sin esperarlo, se estaba volviendo inolvidable.
Paul tenía esa forma de hacerla reír sin esfuerzo, de prestarle atención como si cada cosa que decía importara.
—Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí, Paul —sonrió, aferrada a su mano—. Eres como un príncipe… uno que me hizo ver la vida más bo