Gabriel y Diana llegaron a la gala agarrados de la mano, impecables, como si fueran la pareja perfecta que todos querían imitar, sin saber los problemas que tenían detrás de cámaras.
Los murmullos comenzaron a correr como vino barato entre copas de cristal.
Nicolás los había invitado con una intención clara: devolverles la jugada.
Ellos lo habían eclipsado antes, lo habían hecho sentir como un aprendiz frente a maestros. Pero esta vez, él era el anfitrión.
—Amor, este vestido me queda mu