Rechazada por el alfa, destinada al Rey Lycan
Rechazada por el alfa, destinada al Rey Lycan
Por: Sofia Lodeiro
Capítulo 1: El precio de un rechazo

El Gran Salón de la Manada Colmillo Gris estaba lleno a reventar. Los murmullos se escuchaban por todas partes mientras la gente me miraba con desprecio. Era la misma mirada que me habían dado desde que me encontraron abandonada en el bosque cuando era una bebé. Para ellos yo no era nada: la paria, la chica sin lobo interior, la invalida que solo servía para recibir órdenes.

Pero esta noche la Diosa Luna me había dado una oportunidad al unirnos.

—Yo, Caspian, Alfa de la Manada Colmillo Gris —dijo él con esa voz potente que solía usar para imponerse—, te rechazo a ti, Freya, como mi mate y futura Luna.

El salón quedó en completo silencio durante un segundo antes de que empezaran las risas ahogadas y las burlas. A su lado, la loba de buena familia que había elegido para reemplazarme me miraba con satisfacción, disfrutando de mi humillación.

—No eres digna de estar a mi lado —continuó Caspian sin desviar la mirada—. Tu sangre no vale nada, no tienes una loba y no voy a cargar con alguien como tú en mi manada.

El vínculo que apenas empezaba a formarse en mi pecho se tensó con fuerza. El dolor fue tan agudo que me quedé sin aire. Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero me apreté los puños hasta hacerme daño para no ponerme a llorar.

No iba a darle ese gusto. A él no.

Tragué saliva, me limpié la cara y miré a Caspian a los ojos. Solo vi a un tipo ambicioso y manipulador.

—Yo, Freya... —dije intentando que no me temblara la voz—, acepto tu rechazo, Caspian.

En cuanto terminé de hablar, el lazo se rompió. Sentí un tirón desgarrador en el pecho, como si me hubieran golpeado por dentro. Me faltó el aliento por un momento, pero me di la vuelta y me fui hacia la salida. Escuché las risas de todos mientras caminaba, pero no me detuve a mirar a nadie.

Corrí hasta que me dolieron las piernas y los pulmones.

Me metí en el bosque sin importarme el frío ni la nieve que empezaba a caer. Terminé cayéndome sobre la tierra congelada, respirando con dificultad y tratando de calmarme. Pensé que el dolor en el pecho era solo por la pena del rechazo, pero de pronto la sensación cambió. Se volvió un calor sofocante que me subía desde el vientre hasta la garganta.

«Despierta», escuché una voz fuerte y agresiva en mi mente.

—¡AAAH! —grité al sentir un dolor físico soportable apenas.

Mis huesos empezaron a tronar y a cambiar de posición. La piel me quemaba mientras el cuerpo se me transformaba a la fuerza. Me salieron garras largas que se clavaron en la tierra y un pelaje oscuro me cubrió los brazos. Mi loba no estaba apareciendo con calma; estaba saliendo con una rabia descontrolada que llevaba años acumulada.

Perdí el control de mis pensamientos. La rabia le ganó a la razón y termine convertida en una bestia gigante que solo quería destruir todo a su paso. Llevada por ese instinto salvaje, crucé la frontera y me metí sin saberlo en el territorio de la Manada Lycan de las Sombras.

Mientras perdía el conocimiento y dejaba que la loba tomara el control, solo me quedó una idea clara en la cabeza:

Se van a arrepentir. Y cuando vuelva a ver a Caspian, me va a pedir perdón de rodillas.

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