Mundo ficciónIniciar sesiónEl aullido de las sirenas vibraba en la madera del piso, metiéndoseme en los huesos. Las luces rojas de emergencia se encendieron en bucle, bañando el corredor en una penumbra sangrienta.
No tuve tiempo de dar dos pasos. La puerta del despacho principal se abrió de golpe. Soren y Darius salieron a la vez. Soren presionó un panel digital en la pared y una pantalla desplegó el mapa térmico de la propiedad.
—Infiltración por el sector sur —dijo Darius, revisando la pantalla—. Rompieron la barrera de sensores en el arroyo.
—Cuatro puntos térmicos en el jardín trasero —ordenó Soren, con la voz retumbando sobre la alarma—. Son rastreadores pesados de Colmillo Gris. No vienen a negociar.
Soren alzó la vista y sus ojos azul hielo se clavaron en mí en el pasillo.
—A la habitación. Ahora —sentenció con tono tajante.
—Soren, no voy a—
—No es una discusión, Freya —me cortó sin darme espacio a replicar, avanzando hacia las escaleras—. Darius, abajo. Bastian ya está en la puerta trasera.
Darius bajó los escalones de tres en tres. Soren lo siguió a una velocidad inhumana, desapareciendo en el vestíbulo.
Me quedé un segundo quieta en la penumbra. Avancé despacio por el corredor hasta la balaustrada del piso superior, manteniéndome pegada a las sombras. Abajo, los ventanales reforzados del salón trasero temblaron con un impacto seco. Tres figuras con equipo táctico militar y armas de fuego reventaron los cristales y cayeron al interior.
Pero no tuvieron tiempo ni de apuntar.
Un rugido gutural que hizo temblar los cimientos de la casa resonó en el vestíbulo. A mitad de la bajada, el cuerpo de Soren se expandió con un crujido violento de huesos. Su ropa se rasgó mientras su forma humana daba paso a una bestia imponente: un Lycan enorme de pelaje negro como la noche, hombros anchos y garras afiladas como navajas.
La transformación de Soren no fue la de un lobo común; era una criatura humanoide gigantesca, pura fuerza y dominio.
Soren se lanzó sobre el primer atacante antes de que pudiera apretar el gatillo. De un solo zarpazo brutal le arrancó el arma de las manos y lo estrelló contra la pared de mármol, dejándolo inconsciente en el acto.
Darius, ya medio transformado con las garras fuera y los ojos brillando en amarillo, se abalanzó sobre el segundo, derribándolo con un impacto seco contra el piso.
El tercer intruso intentó disparar a la desesperada hacia la bestia negra, pero Soren ni se inmutó. Cerró la distancia en un pestañeo, atrapó al hombre por el chaleco táctico con sus mandíbulas y lo arrojó al suelo con una ferocidad letal.
Ver a Soren en su forma Lycan era aterrador y majestuoso a la vez. La superioridad de su bestia aplastó la incursión en cuestión de segundos. Caspian mandaba a sus hombres armados como si eso fuera a hacer una diferencia, pero contra el Rey Lycan, las armas humanas no eran más que juguetes.
Soren soltó un bufido grave, la respiración pesada de su lobo haciendo vibrar el aire, antes de empezar a replegar su transformación y volver a su forma humana.
—Aseguren a los dos sobrevivientes en los calabozos subterráneos —ordenó Darius a los guardias que entraban corriendo—. Quiero saber cómo burlaron los sensores.
Aproveché el movimiento abajo para retroceder unos pasos en el corredor. En el apuro por moverme, mi pecho chocó contra el marco de una columna y el medallón que llevaba escondido saltó fuera de mi ropa, quedando colgado sobre la tela.
Unos pasos rápidos subieron la escalera. Era Darius, que venía a revisar el pasillo superior.
Darius dobló la esquina con la respiración agitada, pero al verme ahí parada, sus ojos descendieron de mi rostro hacia mi pecho. La luz roja parpadeante de la alarma iluminó de lleno la pieza de plata vieja que colgaba de mi cuello.
El Beta se detuvo en seco.
La expresión dura y agresiva que Darius había mantenido desde que llegué se desmoronó por completo. Sus ojos se abrieron con un desconcierto brutal, fijos en el grabado de la joya. Se le desencajó la mandíbula, como si hubiera visto un fantasma.
—Darius, ¿qué hay arriba? —gritó la voz de Bastian desde la planta baja.
Darius parpadeó rápidamente, saliendo del trance. Me miró a los ojos con una mezcla de conmoción y sospecha profunda, pero no dijo una sola palabra sobre el medallón. Tragó saliva y dio media vuelta hacia las escaleras.
—Limpio —respondió con la voz extrañamente áspera antes de bajar a toda prisa.
Me quedé con la respiración contenida, apretando el medallón con la mano. Lo había reconocido.
Unos segundos después, pasos más pesados resonaron en el pasillo.
Soren apareció al final del corredor. Traía la remera rasgada por la transformación y marcas de sangre enemiga en el pecho y las manos. Caminó hacia mí a pasos firmes, con los ojos azul hielo aún brillando con los restos de la adrenalina de su lobo.
Se detuvo a solo un paso de mí, escaneándome en busca de alguna herida.
Miré la sangre en su piel y el corte en su hombro. Un chispazo de angustia helada me atravesó el pecho de golpe. El corazón me dio un vuelco violento y, antes de que pudiera detenerlo, una mueca de preocupación genuina se me dibujó en la cara.
—Estás sangrando... —murmuré, dando un paso involuntario hacia él, estirando la mano hacia su hombro sin pensar.
Soren se congeló. Sus ojos se clavaron en los míos, descolocado por el tono de mi voz y por el gesto.
En cuanto me di cuenta de lo que estaba haciendo, retiré la mano de golpe, como si su piel me hubiera quemado. Di un paso atrás, tratando de recuperar mi postura fría, pero el calor en mi cara me delató. Mi loba en el interior había reaccionado antes que mi mente.
Soren no pasó por alto mi reacción. La dureza de su rostro se suavizó apenas un milímetro, y una chispa intensa, casi posesiva, brilló en su mirada al entender que no le era indiferente.
—No es mi sangre, Freya —dijo en voz baja, dando un paso para acortar la distancia que yo había puesto—. Pero me alegra saber que te importa.
Holaa a todos, bienvenidos a mi nueva historia, espero que les guste y espero sus comentarios y reseñas!!







