El Gran Salón de la Manada Colmillo Gris estaba lleno a reventar. Los murmullos se escuchaban por todas partes mientras la gente me miraba con desprecio. Era la misma mirada que me habían dado desde que me encontraron abandonada en el bosque cuando era una bebé. Para ellos yo no era nada: la paria, la chica sin lobo interior, la invalida que solo servía para recibir órdenes.Pero esta noche la Diosa Luna me había dado una oportunidad al unirnos.—Yo, Caspian, Alfa de la Manada Colmillo Gris —dijo él con esa voz potente que solía usar para imponerse—, te rechazo a ti, Freya, como mi mate y futura Luna.El salón quedó en completo silencio durante un segundo antes de que empezaran las risas ahogadas y las burlas. A su lado, la loba de buena familia que había elegido para reemplazarme me miraba con satisfacción, disfrutando de mi humillación.—No eres digna de estar a mi lado —continuó Caspian sin desviar la mirada—. Tu sangre no vale nada, no tienes una loba y no voy a cargar con alguien
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