El caos de la guerra se había calmado, pero el caos de la burocracia apenas comenzaba.
Víctor había convertido el antiguo almacén de armas de Lorenzo en una oficina improvisada.
Estaba rodeado de torres de pergaminos. Mapas de territorio. Listas de inventario. Censos de población de dos manadas que se odiaban.
El aire olía a tinta y estrés.
Entré sin llamar.
Víctor ni siquiera levantó la vista. Estaba inclinado sobre un mapa enorme de la frontera sur, ajustando la posición de una ficha de mader